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De la Internet Social (3.0) a la Cooperativa (4.4)

Junio de 2013

Martes 11 de junio de 2013, por Miguel Pérez Subías

Llevo un tiempo reflexionando sobre como se han construido los grandes casos de éxito en Internet y si estamos en un momento de cambio para pasar de la Internet Social, denominada por algunos como la 3.0, a una nueva Internet más Cooperativa, que yo he denominado 4.4, sobre la base de un reparto más equitativo entre los que hacen posible que algo funcione y más respetuosa con los derechos para que sea sostenible en el tiempo.

Mi análisis toma el navegador Explorer como punto de partida, sigue con Google y su omnipresente buscador, Amazon con su librería on-line, la web 2.0 nos trajo Blogs, Flickr y Youtoube, llegaron las redes sociales y nos familiarizamos con Facebook, Twitter y por supuesto no me olvido de las apuestas por las aplicaciones y contenidos en la nube impulsadas por Apple a través de sus plataformas y terminales.

Tecnologías y aplicaciones útiles y prácticas que aportan tremendos beneficios sociales a los ciudadanos: tienen más información, mayor libertad, le facilitan la comunicación el aprendizaje y muchas tareas cotidianas. En el ámbito de las organizaciones todas ellas tienen una componente que permite, además de lo ya comentado, mejorar los procesos, ser más transparentes y más competitivas.

Tienen en común que intentan adaptarse al ciudadano y no al revés aspecto este que se ha visto tremendamente reforzado con los avances de los terminales móviles que van siempre con la persona frente a un estadio anterior donde el terminal condicionaba las posibilidades de uso.

En cuanto al modelo de negocio todas ellas comparten un cambio disruptivo frente a los modelos industriales clásicos en los que las empresas invertían en los recursos productivos y contrataban personas para su explotación. Las empresas de la era Internet se caracterizan por invertir y desarrollar plataformas útiles y prácticas que solo tendrán sentido si los ciudadanos las utilizamos de forma intensiva.

Pasado un tiempo podemos decir, de todas ellas, que su principal activo no lo han aportado sus accionistas, ni sus trabajadores, ni los gobiernos. Su principal activo lo hemos aportado los propios usuarios que somos quienes aportamos nuestros contenidos, nuestro tiempo, nuestros datos, nuestras aplicaciones que son explotados comercialmente por estas empresas.

La sobreexplotación por las empresas de estos activos aportados por los ciudadanos (su tiempo, sus contenidos, sus opiniones, su localización, sus aplicaciones), esta chocando en algunos casos con derechos personales fundamentales (intimidad, privacidad, libertad de expresión) o económicos como el de la propiedad o la explotación.

La falta de competencia es otro aspecto que empieza a preocupar a ciudadanos y gobiernos que ven en la posibilidad de cambiarse de proveedor la única herramienta para que estos se estimulen para mejorar, atender y satisfacer las necesidades de los clientes.

Finalmente esta en cuestión el modelo económico
que esta tremendamente desequilibrado los que aportamos el mayor activo de todas estas empresas recibimos felicidad como contraprestación pero no todo el mundo puede vivir de ello.